Ismail El Majdoubi, portavoz del colectivo ExMENAS Madrid: “El proceso para integrar a los menores extranjeros no acompañados en España no está funcionando”

Ismail El Majdoubi es portavoz del colectivo ExMENAS Madrid, desde donde trabaja para garantizar los derechos de los niños y niñas migrantes en España. El Majdoubi llegó a Ceuta cuando era menor de edad y escondido bajo un camión. Recientemente viajó al norte de Marruecos, de donde es originario, con la idea de desarrollar un proyecto con el que ayudar a los jóvenes que viven en situación de calle.

Ismail El Majdoubi

Consciente de las trabas que enfrentan los menores no acompañados cuando llegan a Europa, Ismail defiende la necesidad de concienciar a la juventud marroquí sobre el racismo y las dificultades que pueden enfrentar en su trayecto migratorio. Defensor del derecho a migrar, confía en que aquellas personas que opten por esa vía cuenten con la información necesaria para tomar su decisión.

Ismail, tú mismo migraste a España desde Marruecos siendo menor. En tu camino has podido conocer a muchos otros niños y niñas definidos por el sistema de acogida español como Menores Extranjeros No Acompañados (MENA). ¿Podrías aclararnos las diferencias legales que encuentran estos menores frente a las personas migrantes mayores de edad?

Cuando llegas migrando a un país y solicitas protección al Estado, este tiene que brindártela. Si eres menor de edad, debe primar tu condición de menor sobre la de extranjero; por eso la ley prevé tratarte exactamente igual que a cualquier persona menor de 18 años nacida en ese país. El hecho de que España haya firmado una serie de tratados internacionales, como la Declaración de los Derechos del Niño, obliga a que garantice los derechos de cualquier menor que se encuentre en su territorio independientemente del lugar de nacimiento. Esta condición hace que un menor de edad que llega a España tenga un tratamiento legal diferente al que tienen los adultos.

Por otro lado, el racismo institucional que afecta a las personas migrantes también toca a los menores de edad, solo que, al existir marcos jurídicos que los protegen por su condición de niños o niñas, no se hace tan evidente como sí ocurre en el caso de quienes son mayores de edad. En España el clasismo existente se encarga de asignarte una etiqueta, que es la de MENA, que viene aparejada a una serie de trabas burocráticas. Al final, estos menores extranjeros son considerados diferentes de cualquier menor español, pues se asigna una condición de extranjero y pobre que nos acaba afectando durante el proceso de transformación para alcanzar la vida adulta.

¿Qué ocurre cuando los menores alcanzan la mayoría de edad?

Hoy en día, los centros socioeducativos donde viven muchos menores extranjeros no acompañados cumplen una función de contención más que de hogar. El interés es que vivan en estos lugares hasta que cumplan la mayoría de edad y, a partir de ese momento, que se le abran las puertas para que se marchen a la calle. Pero el problema es que no se les prepara para afrontar este cambio radical. Yo estoy luchando para que los centros donde residen estos menores los preparen para la vida real, y no que al final salgan a la calle y acaben viviendo en albergues para personas sin hogar.

La pregunta que debemos hacernos es si de verdad cumplir la mayoría de edad significa ser adulto. Yo opino que la edad no determina la madurez de la persona, y más aún cuando no has tenido prácticamente infancia. El proceso para integrar a los menores extranjeros no acompañados en España no está funcionando y cada vez va a peor. La integración implica una convivencia pacífica basada en el respeto mutuo, pero, al asignarles unas siglas, se contribuye a que algunos partidos políticos que solo quieren ganar más votos lo tengan más fácil para señalarlos. Y esto acaba perjudicando sus vidas.

Según tu experiencia, ¿crees que los actuales programas que trabajan con los menores no acompañados para incluirlos en el mercado laboral están funcionando?

Si tenemos en cuenta que actualmente el sistema español está negociando cómo facilitar el tema de las devoluciones de los menores a sus países de origen, es normal que los programas no estén funcionando. ¿Por qué iban a crear programas de acogida de calidad si el objetivo es que los menores extranjeros se marchen de España cuanto antes?

La mayoría de los menores son conscientes de esta realidad y sienten que se les trata mal, pero lo que está claro es que regresar no es la solución. Personalmente creo que volver a mi país sería un fracaso. Ponemos nuestra vida en juego para llegar hasta aquí.

Centrándonos un poco más en el origen, ¿cuáles crees que son los principales motivos que impulsan a una persona menor de edad a dejar su país para marcharse a otro?

El perfil de los menores migrantes no siempre es el mismo. Muchas veces son jóvenes que ya han pasado por centros de menores en Marruecos y que quieren venir a Europa porque creen que van a tener más opciones. Los menores vemos a los turistas europeos y al mismo tiempo la televisión nos vende Europa como el territorio de las libertades. Por lo general no solemos tener un plan ya pensado antes de migrar.

En mi caso, un día me escapé de casa sin decir nada a mi familia, que me estuvo buscando y me dio por desaparecido. En algunas ocasiones la persona no tiene una familia que se preocupe de ella. Al final se mezclan muchos factores, ya que puede ser que estés viviendo en la calle, que estés pasando hambre o que estés sufriendo abuso por parte de la policía que te pega. Casi nadie es consciente del riesgo y la dificultad que conlleva. Yo llegué a Ceuta metido debajo de un camión, lo que es muy peligroso.

¿Cómo se vive en el lugar de origen la partida de estos menores?

En el caso de Marruecos, la partida de personas a Europa es algo que viene pasando desde hace mucho tiempo. Digamos que, al ser un fenómeno común, sobre todo en los espacios fronterizos, no se vive como algo traumático. Mi pueblo está muy cerca de Ceuta, pero también en zonas colindantes a Tánger, donde está uno de los puertos más grandes del Mediterráneo, o en las poblaciones de Alhucemas y Nador, fronterizas con Melilla, la población está muy acostumbrada a ver gente partir. Estos suelen ser los puntos de partida en las rutas migratorias de muchos menores extranjeros no acompañados.

Por norma general, tiende a analizarse la situación de los menores no acompañados una vez llegan a Europa, pero ¿qué medidas toman países como Marruecos, principal origen de los jóvenes no acompañados, para prevenir la migración de menores?

No conozco muy bien cómo son los programas que está llevando a cabo Marruecos en este momento. Lo que sé es que estos menores se ven empujados por algo que va más allá del bienestar o el malestar que viven allí. No vienen a Europa porque están sufriendo discriminación en las calles de Marruecos. Vienen a Europa para adquirir un documento de identidad que está vinculado a una nueva vida.

En este momento te encuentras trabajando en algunos programas implementados en Marruecos para mejorar la realidad de los niños y niñas, y evitar que tengan que emigrar. ¿En qué consisten exactamente?

Está todavía en proceso de creación. La última vez que bajé a Marruecos, me senté con algunos amigos para estudiar el tema. La situación actual en mi pueblo es catastrófica, ya que vive de la frontera y con el coronavirus la economía va de capa caída. Pero ya era complicado antes de la pandemia.

La idea es enfrentar la problemática que sufren los niños y niñas que viven en la calle. Por un lado, queremos ofrecerles un apoyo y, por otro, concienciarlos sobre cuestiones racistas. Al ser una zona de frontera estamos acostumbrados a contar con la presencia de menores en las calles, y por eso queremos trabajar el tema.

A través de la ayuda humanitaria pretendemos crear lazos con estos niños por medio de programas socioeducativos. Cuando estuve allí hicimos algunos actos con estos menores, como organizar un reparto solidario de bocadillos. Más allá de ofrecerles alimentos, lo que queríamos era ganar su confianza. El gran problema es que hay una gran desconfianza por parte de estos niños hacia el sistema. No quieren regresar a los centros de menores en los que ya han estado, sino que quieren migrar, y eso es algo que no puede frenarse. Si no les puedes ofrecer un cambio real que solucione su vida, no van a abandonar la idea de migrar. El proyecto pretende tratarlos como personas, sin juzgarlos o decirles que lo que quieren hacer es malo. Llegando a ellos podemos influirles para que conozcan y estén preparados ante futuras realidades. Al final, conociendo lo que hay allí y sabiendo lo que pueden encontrar aquí, podrán tomar una decisión conscientemente.

También hemos organizado una recogida de ropa entre la gente local y la hemos llevado a aquellas personas que la necesitan. Y otro proyecto es el de crear una biblioteca en un pueblecito de la zona. Hemos hablado con una asociación de allí que tiene contacto con un pequeño instituto local que ofrece un aula para crear este espacio con libros. Poco a poco empezamos a tener representación en la zona. Somos jóvenes y, como sabemos usar las redes sociales, podemos darnos a conocer más rápido que las asociaciones que llevan trabajando un montón de años y aún no se han adaptado a las nuevas tecnologías. Nos sentimos orgullosos de que, en tan poco tiempo, otras entidades hayan llegado a depositar su confianza en nosotros.

Por otro lado, también formas parte del colectivo ExMenas Madrid y trabajas como mediador intercultural para Cruz Roja. ¿Cuál es el impacto social del trabajo que realizas junto a estas organizaciones y qué estrategias seguís para mejorar la vida de los niños y niñas migrantes que llegan a España solos?

Yo trabajo en contacto diario con los chicos, pero también me encargo de atender llamadas. Me dedico sobre todo a cursos de formación y a la resolución de dudas burocráticas. Mi trabajo es fundamentalmente por la noche, pero cuando puedo también hago acompañamientos. Es interesante cómo el servicio de traducción, que a priori puede parecer poca cosa, es muy necesario y hace toda la diferencia. Es un trabajo fundamental porque, al final, le estás resolviendo la vida a los chavales. Uno de los momentos que más me crispan es cuando pierdes la cita con Extranjería sabiendo que necesitabas esa cita sí o sí. O quizás llegas, pero te falta un documento. Yo creo que es un sentimiento de mucha frustración.

Debido al coronavirus, hace tiempo que no organizo actividades con los chavales, pero antes era diferente. Siempre me he centrado en que mi trabajo sirva para que cuenten con un referente, que vean que yo también he pasado por una situación como la suya y de todo se sale. Opino que los propios centros encargados de los menores tienen mucho trabajo por hacer. Pero, por otro lado, están las ganas de querer cambiar las cosas, que ese es mi impulso para seguir trabajando cada día.

Juan Torregrosa Rodríguez

Periodista especializado en Mundo Árabe y proceso migratorio. Actualmente colabora en varios proyectos para visibilizar la situación del colectivo migrante en Andalucía. Forma parte de varios proyectos de comunicación para construir nuevas navarritas sobre el continente africano.

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