El 25 de mayo, el día de África, la Oficina de la enviada especial para la juventud, Aya Chebbi, de la Unión Africana, organizó la conferencia: ¿cómo la juventud puede silenciar las armas? Durante la conferencia se examinó cómo las agendas que no consideran a la juventud en sus políticas son más susceptibles de fracasar.

El 19 de enero de este mismo año, representantes de los dos proclamados ‘legítimos’ gobiernos libios – el respaldado por la comunidad internacional y liderado por Fayez Al-Sarraj, y el encabezado por el comandante Jalifa Haftar, de las fuerzas rebeldes y antiguo miembro del régimen de Muamar al Gadafi – se reunieron en Berlín con motivo de acabar con las tensiones que han ocupado las calles desde la primavera Árabe en 2011.

Quico Germain es un joven de 25 años que vive en Uganda. A los 19, tras participar de diferentes proyectos, decidió terminar el segundo año de estudio, coger una avión a Tanzania sin billete de vuelta y empezar a trabajar como cooperante. Descontento con el proyecto en el acabó, decidió viajar, conocer diferentes iniciativas y terminó en Uganda donde conoció a Deborah, la directora de un orfanato. Poco después fundó la Asociación Petits Detalls, una entidad que escala iniciativas locales para fomentar el desarrollo.

Aunque el confinamiento general es probablemente el medio más eficaz para contener el coronavirus, en el contexto del continente más pobre del mundo, esto puede generar un sinfín de eternidades. Con todos los sectores del gobierno ya sobrecargados, un cierre duradero y severo como el que se ha visto desencadenará una enorme repercusión política, social y económica a largo plazo que podría ser más devastadora que el propio Covid-19. Muchas empresas de pequeña escala se arruinarán y millones de personas se verán sumidas en la pobreza y el hambre.

Los países africanos han incrementado sus esfuerzos para contener el virus. Sin embargo, estos se han visto dificultados por los déficits sistema de salud, las bajas condiciones sociales y la deuda con organismos internacionales. Con más de 400 millones de personas viviendo en pobreza extrema, sequías frecuentes, inundaciones y hambrunas, la gestión del coronavirus es un reto que va a costar superar.

Mientras el globo combate la mortífera pandemia que se ha llevado ya miles de vidas y ha dejado a muchos otros en condiciones críticas, los países africanos centran sus esfuerzos en contener la expansión del virus.