Construir con plástico

La reutilización de productos o materiales es una medida esencial para hacer frente a la crisis climática existente. Los residuos plásticos son de los más abundantes y su gestión inadecuada es ya un problema de escala global. Hace dos décadas se construyó la primera vivienda en el continente africano con botellas de plástico en lugar de ladrillos. Al tratarse de un desecho, su uso permitía abaratar el coste, al tiempo que reducía la contaminación del entorno. Desde entonces el plástico se ha utilizado de diferentes formas y actualmente, en algunos países, su procesado en fábricas lo ha convertido en la materia prima de los ladrillos que favorecen la construcción de un futuro más sostenible.

Estudiantes a las afueras de las nuevas aulas construidas con ladrillos de plástico en Abiyán, Costa de Marfil. Fuente: Yagazie Emezi para The New York Times.

La utilización masiva del plástico comenzó en la década de 1950 y, desde entonces, no ha dejado de incrementarse. Este material, fabricado a partir de resinas vegetales y derivados del petróleo, se introdujo rápidamente en la vida cotidiana por su reducido coste de producción y unas características prácticas como ligereza y facilidad para manipularlo. Sin embargo, no todo han sido ventajas, y en la actualidad tiene una connotación bastante negativa. El plástico no es biodegradable, y sus residuos generalmente no se gestionan de forma adecuada. En muchos países no solo se acumulan montañas de plásticos en vertederos, que tardarán décadas e incluso siglos en degradarse, sino que los restos se encuentran en calles, ríos, zonas verdes y llegan hasta el mar. Esto supone un problema añadido a la crisis climática actual. Un gesto fundamental para revertirla es reducir el consumo de plástico, reutilizarlo y, cuando ya no sea posible alargar la vida útil del material, reciclarlo.

En Nigeria, la ONG Developmental Association for Renewable Energies (DARE) ideó una solución a dos de los problemas que afrontaban los habitantes de la región de Kaduna: la gestión de las botellas utilizadas, que acababan en las calles, y la escasez de vivienda. En 2011 impulsó la construcción de la primera vivienda en el continente con botellas de plástico: en lugar de los muros tradicionales de adobe o los modernos bloques de hormigón, las botellas rellenas de arena y entrelazadas con una cuerda por la parte del tapón conformaban el muro. Un acabado de adobe, además de compactar, proporcionaba una textura más lisa. El objetivo era construir 25 viviendas utilizando el mismo sistema, y aunque la propuesta demostró ser eficiente pues era térmicamente confortable, además de resistente y duradera, no se completó el programa y las demás quedaron sin construir. Aun así, el sistema se replicó no solo en Nigeria sino en otros países del continente.

En la localidad de Gandiol, Senegal, Mamadou Dia impulsó la ONG Hahatay, que también utilizó este sencillo sistema de construcción para una escuela infantil en el año 2016. Entre otras cuestiones, el método permitía la participación de voluntarios no especializados y la implicación de niños y niñas en la recogida de botellas. Esto no solo proporcionaba un equipamiento necesario para la localidad, también llamaba la atención sobre el uso adecuado del plástico y la gestión de los residuos. Además hizo partícipe desde el primer momento a la comunidad que luego se iba a beneficiar del proyecto.

Con el mismo sistema de apilamiento de botellas y unión con mortero o adobe, el ecobrick va un paso más allá en lo que a reutilización de residuos plásticos se refiere. En lugar de rellenarse con arena, se utilizan diferentes restos de material no orgánico, desde envases a redes de pesca, que se compactan fuertemente con ayuda de un instrumento, como puede ser un palo. Este modelo resulta más asequible en zonas donde la arena no es un material tan común. Así mismo, se puede promover la fabricación de ecobricks en cualquier comunidad utilizando los residuos generados a nivel individual, lo que favorece la implicación y la sensibilización colectiva. 

El programa EcoBrick Exchange, que se desarrolla en Sudáfrica, combina la construcción sostenible con la participación y educación ambiental. El uso de restos plásticos evita que acaben en calles, vertederos o quemados junto a otros residuos. Además, permite la participación de cualquier persona, que tras aprender cómo se fabrican puede aportar sus “ladrillos” a cambio de bienes o descuentos en algunas tiendas. La recolección de las primeras botellas se utilizó para la construcción de una escuela infantil en Cape Town.

Un muro ventilado hecho con ecobricks. Fuente: EcoBrick Exchange

Estas iniciativas van en consonancia con la primera de las aspiraciones de la Agenda 2063 de la Unión Africana, “un África próspera basada en el crecimiento integrador y el desarrollo sostenible”. Además, al fomentar la participación social y utilizarse en proyectos educativos, recogen la aspiración número seis: “el desarrollo será impulsado por los pueblos, confiándose en el potencial de los africanos, especialmente sus mujeres y jóvenes, y el cuidado de los niños”.

El tiempo de construcción de estas edificaciones con botellas es rápido una vez obtenido el material, pero la creación de los “ladrillos” requiere de numerosos agentes y bastante tiempo hasta lograr la cantidad necesaria. Esto supone que en países donde la construcción de aulas para educación infantil y primaria fuese una urgencia y la demanda muy alta, no resultaría eficaz. 

Este problema puede resolverse si se utiliza la misma materia prima en una producción industrializada. En Costa de Marfil se construyeron en 2019 las primeras aulas a partir de un sistema novedoso en el continente, con el que se espera llegar hasta las 528, además de emplearlo en otro tipo de edificaciones más adelante. En un rápido proceso, los residuos son reciclados en una fábrica y reconvertidos en ladrillos de bajo coste hechos totalmente de plástico. Para levantar las primeras aulas, estos nuevos ladrillos se importaron desde Colombia, donde la empresa social Conceptos Plásticos comenzó su andadura en 2011, con el doble objetivo de proporcionar material de construcción a un precio asequible y fomentar la adecuada eliminación de este contaminante. Los nuevos ladrillos son ligeros, modulares y se pueden ensamblar, por lo que su construcción sin cemento es rápida y sencilla. Además, son ligeros, impermeables y resistentes al fuego. 

La iniciativa responde a varias demandas de la comunidad: proporcionar escuelas, reducir la cantidad de plástico en el medioambiente y mejorar la situación de muchas mujeres. La recogida de material para la fabricación impulsará un mercado formal de reciclaje y mejorará sus condiciones, ya que ellas son mayoría en este sector y subsisten gracias a la recogida y venta a de los residuos. Cuando la fábrica esté en pleno funcionamiento, se reciclarán 9600 toneladas de plásticos.

Nzambi Matee con uno de los ladrillos de plástico que produce en su fábrica. Fuente: Courant Constructif

Un proyecto similar es el que impulsó la joven keniana Nzambi Matee, ingeniera de materiales, cuando fundó en 2018 la empresa Gjenge Makers en Nairobi. Inicialmente se dedicaba a la recogida y gestión de residuos plásticos, pero la intención de añadirles valor la llevó a procesarlos para fabricar materiales de construcción. Los desechos de fábricas o residuos comprados a recolectores particulares de basura se procesan junto con arena para la producción de ladrillos que se utilizan en pavimentos. Su bajo coste y elevada resistencia los hacen muy interesantes para el mercado. Es importante destacar, el valor añadido de un producto que favorece la economía circular y la reutilización de un material cuya gestión inadecuada supone un problema a escala mundial. Por su trabajo, Nzambi Matee recibió el premio Young Champions of the Earth, del Programa de Naciones Unidas para el Medioambiente en 2020.

La sensibilidad ante retos globales, observados desde una perspectiva local, ha estimulado iniciativas de jóvenes que no permanecen pasivos ante problemas como la contaminación y el cambio climático, pero también buscan el modo de facilitar el desarrollo sus comunidades. Pequeños gestos como la construcción de un ecobrick pueden ser la semilla de un cambio profundo en la forma de comportarse con el medioambiente, y el impulso de proyectos que construyan sociedades comprometidas con el desarrollo sostenible.

Fuentes bibliográficas

Alonso, L. (10 de febrero de 2021). Nzambi Matee, la keniata que convierte el plástico en ladrillos para construcción. Cultura Inquieta. Recuperado de: https://culturainquieta.com/es/sostenibilidad/item/17808-nzambi-matee-la-keniata-que-convierte-el-plastico-en-ladrillos-para-construccion.html

Hattam, J. (11 de octubre de 2018). Recycled Plastic Bottle House Built in Nigeria. Treehugger. Recuperado de: https://www.treehugger.com/nigeria-plastic-bottle-house-4858079

Naranjo, J. (27 de agosto de 2015). Hahatay, un puente que derriba muros. África no es un país. El País. Recuperado de: https://elpais.com/elpais/2015/08/27/africa_no_es_un_pais/1440654000_144065.html?rel=mas

Noticias ONU (29 de julio de 2019). Con plástico reciclado se construyen miles de aulas de clase en África. Recuperado de: https://news.un.org/es/story/2019/07/1459891

Plastic Garbage Project. s.f. El plástico en la vida cotidiana. Recuperado de: https://www.plasticgarbageproject.org/es/vida-plastico

Elena Brunete Pietx

Arquitecta especializada en Habitabilidad Básica y Cooperación para el Desarrollo de Asentamientos Humanos Precarios, he participado en proyectos en India y Líbano. También soy profesora de Secundaria, me interesa la educación como herramienta de empoderamiento y motor de cambio. Actualmente doy clases y trabajo de arquitecta en Madrid.

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